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Javier Saul

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Periodista y abogado. Editor del diario La Nación, columnista de deportes en el canal LA NACION+ y profesor en la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivos. Co-conductor del podcast Aislados. Proyectos digitales, SEO y redes sociales. Coberturas en Mundiales de fútbol, atletismo y handball, Juegos Olímpicos y Copa Davis. Autor del libro "Pachorra, Historias para conocer a Sabella" (Ed. Libro Fútbol) y ghost writer.

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La Cidade Maravilhosa despidió a los Juegos Olímpicos: el mundo ya mira a Tokio


RÍO DE JANEIRO.- Carnaval, luces, fuegos artificiales y color. Mucho color. La ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos Río 2016 llevó el sello brasileño de punta a punta, antes de ceder su espacio a la bienvenida a Tokio. Tras la puesta en escena carioca, empezó la cuenta regresiva para una cita que promete un intenso maridaje de deporte y tecnología.

Un conteo homenaje a Santos Dumont, pionero de la navegación aérea, fue el puntapié inicial para la ceremonia, que después se entregó al show y a las emociones. No faltaron la belleza y la diversidad de la flora y la fauna brasileña, un segmento dedicado a grandes artistas de la música local, el himno cantado por 27 niños que representaron a los 26 estados del país y a la capital, y el desfile de las delegaciones. Instante en el que la judoca Paula Pareto, la primera medallista argentina en Río, ingresó con la bandera nacional. Después, con juegos de luces y la música de DJ Dolores, entraron los deportistas de todas las delegaciones. Una fiesta para el público y el puñado de atletas que se quedaron hasta la última jornda.

Era difícil esperar un show musical como el de Londres, con un line-up con The Who, Queen, George Michael, Madness, PetShop Boys, Annie Lennox, las Spice Girls y Muse, pero Río de Janeiro no falló. Tuvo un final de fiesta a puro ritmo. La samba compensa cualquier ausencia de peso.

En lo estrictamente protocolar, hubo tiempo para el lanzamiento del canal olímpico, una señal que tendrá por objetivo promover el movimiento olímpico, con programación original y eventos en vivo. Como es costumbre, también se realizó la última entrega de medallas del maratón masculino, se presentaron a los nuevos miembros elegidos por el COI para la Comisión de atletas y hubo reconocimiento a los voluntarios. Tampoco faltaron los discursos de Carlos Arthur Nuzman, presidente del comité organizador, y Thomas Bach, presidente del COI, que dieron por cerrados los Juegos. Todos repasaron las mejores imágenes de los Juegos en las cuatro pantallas gigantes instaladas en el estadio, y las grandes ovaciones se las llevaron la judoca Rafaela Silva y Neymar.

La portada de LA NACION Deportes y la crónica del cierre de Río 2016 en el Maracaná

Ya con la Cidade Maravilhosa como parte del pasado, llegó el momento de la bandera de Japón y la presentación de Tokio 2020. Se pasó del “obrigado” al “arigato”. Un agradecimiento que siguió con la presentación del logo oficial, con 45 piezas interconectadas que representan diversidad y armonía. Después, apareció una imagen urbana de Tokio e ingresó el ex nadador Kosuke Kitajima, medallista en Atenas 2004 y Pekín 2008.

Tokio será la próxima estación del movimiento olímpico. Los próximos Juegos se realizarán en la capital de Japón entre el 24 de julio y el 9 de agosto de 2020, y tendrán como escenario principal el estadio Olímpico, construido para los Juegos de 1964. Y la próxima ciudad sede tuvo su momento de presentación en la ceremonia de clausura. En el Maracaná, Japón desplegó sus mejores armas, con animaciones, juegos de luces, realidad virtual y la aparición de personajes como Super Mario, Hello Kitty, Pac-Man, y los Super Campeones. Un mix que puso de pie al público brasileño.

Los próximos Juegos presentarán 34 escenarios deportivos. La mayoría estarán concentrados en la Bahía de Tokio. En ese lugar estarán algunos de los deportes acuáticos, el ciclismo, la natación, el tenis, el hockey y las pruebas ecuestres. El judo volverá a tener lugar en el Nippon Budokan. Es el templo de las artes marciales construído para los Juegos de 1964, pero hecho célebre por las presentaciones de grandes artistas. Los Beatles llegaron a tocar en el Budokan. Y en varios escenarios del Mundial 2002, se jugarán los partidos de fútbol. Tras dos semanas con la emoción a flor de piel en Río de Janeiro, el mundo ya mira a Tokio.

Dinamarca rompió un estigma en el handball


RIO DE JANEIRO.- La celebración se dimensiona por el rival. El golpe de Dinamarca tiene mucho de mérito propio. Mikkel Hansen y compañía sacudieron al mundo del handball: en la final olímpica, vencieron a Francia 28-26 y pusieron de rodillas al bicampeón olímpico y campeón mundial. Un éxito de oro. Significa la primera medalla para Dinamarca en la historia del deporte.

Era "la guerra de los mundos". De un lado, Nikola Karabatic, el central barbudo de origen serbio. Del otro, el lateral danés Hansen. Compañeros en PSG, se reparten elogios y gestos de reconocimiento. Cada uno dice que el otro es el mejor jugador de handball del mundo. En el medio, todo depende de lo que considere la federación internacional en el cierre de cada año. Y en Río, Hansen fue el que no defraudó ante tamaño lugar en la marquesina: fue el abanderado del triunfo y el máximo goleador danés (ocho tantos)

Séptimos en Pekín y con cuartos de final en Londres, Río significó la definitiva consagración de Dinamarca y la confirmación de Hansen, el campeón que creció deportivamente en París, el enemigo íntimo. Siempre protagonistas de las grandes conversaciones, cortaron la mala racha ante los galos, que los habían derrotado en ocho de las últimas nueve veces que se habían enfrentado. Enfrente, Francia dejó escapar la gran chance de llegar al próximo mundial, que organiza el próximo año, como el rey del handball.

Publicado el 22 de agosto de 2016 en LA NACION

Lewis y Sotomayor: ¿hay vida en el atletismo olímpico después de Bolt?


RIO DE JANEIRO.- Se termina otra jornada olímpica. Ya una de las últimas. Los deportistas parten hacia la Villa Olímpica y el público abandona los estadios. El Parque Olímpico baja las cortinas de otro día de acción, pero no todo termina en eso: en un rincón empieza el show. En la pasarela de ingreso hay un edificio del Grupo Globo. El portal Globoesporte.com ocupa el primer piso; SporTV, el segundo, y Globo, el tercero. Desde el estudio del canal deportivo se emite “É campeão!” (“¡Es campeón!”), el programa sensación de la medianoche, con panelistas que son leyendas. Allí están Carl Lewis y Javier Sotomayor . Se divierten, analizan y aprenden. Y todos escuchan con atención a Carl: el ganador de 10 medallas olímpicas entre 1984 y 1996 es un libro abierto del deporte.

Para Lewis son sus últimas horas en Río de Janeiro. Por eso, el tópico en su programa de despedida es el atletismo. Se habla de Usain Bolt, de salto con garrocha, de salto en largo. “We are listos!” (sic), lanza. “¡Pero miren qué sexy se vino este hombre. Chicas, miren a este hombre!”, agrega, mientras señala a Sotomayor. Es un showman.

Ya cuando se apagan las luces, Sotomayor y Lewis se prestan a un distendido diálogo con LA NACION. Hacen un balance de lo que pasó y también hablan de la pregunta que flota en Río: ¿hay vida olímpica después de Bolt?

-¿Cómo viven la experiencia de estar en los Juegos Olímpicos, pero desde otro lugar?

Sotomayor: –Me siento muy contento. Todo lo que pasó en estas semanas fue increíble. Estoy agradecido de haber participado en el programa porque Carl Lewis y Michael Johnson fueron una inspiración para mí cuando era deportista. Eran mis espejos en el atletismo. Y acá compartí espacio con ellos. Y con Mark Spitz y Nadia [Comaneci]. Me hicieron sentirme bien, a gusto. Pude estar en los Juegos Olímpicos, ya no como saltador, sino del otro lado, y lo disfruté un montón.

Lewis: –Es un gran momento, es muy divertido y encima el show es en Río de Janeiro. Aprendí mucho con el programa, con mis compañeros. Y volví a compartir tiempo con Javier, con su familia, con Nadia. Recuerden mis palabras: apuesto que NBC va a hacer un show similar en 2020. Lo apuesto y se lo garantizo.

-¿Se sienten más cómodos como panelistas o compitiendo?

Lewis: –Cuando competía me sentía en el secundario. Son esos momentos que son muy divertidos, pero a los que uno no quiere volver.

-¿Qué balance hacen de Río 2016?

Sotomayor: –Fueron unos Juegos Olímpicos muy buenos. Lo primordial para que salgan bien los Juegos son las competencias, los resultados, que los atletas se sientan bien, que tengan buenas marcas y que salgan todos contentos. Tanto aquellos que ganan como aquellos que lo intentaron. Y eso se logró.

Lewis: –Los Juegos Olímpicos son de la gente y la gente está haciendo grandes Juegos. Hay una gran energía en Río. Tanto del público brasileño como de los deportistas. Con buenas actuaciones de Estados Unidos, con buenos desempeños locales. El balance de Río 2016 es positivo.

-¿Cómo ven el atletismo después de Bolt?

Sotomayor: –Se va una gran estrella. Una estrella no sólo mediática, sino también deportiva. El hombre más veloz del mundo y con grandísimos resultados en todas las competencias. Lo demostró durante muchos años. Lo hizo durante tres citas olímpicas. Cuando él decida el adiós definitivo se va a notar su ausencia.

Lewis: –Puede que la noticia sea el retiro de Bolt, pero no hay que mirar atrás. El deporte va construyéndose en diferentes etapas. Cada uno tiene su momento y cada uno aporta a esa construcción. En estos días se cumplen 20 años de mi retiro [dejó de competir luego de Atlanta 1996] y el atletismo ya no es el de cuando me retiré. El deporte sobrevivirá y lo que hay que seguir haciendo es trabajar desde la promoción. Trabajar en las federaciones para construir un mejor deporte.

-Todos marcaron una época. Ustedes lo hicieron. Ahora hay un recambio lógico…

Sotomayor: –Siempre aparecen las grandes figuras. Antes estaban Carl Lewis, Michael Johnson, Sergei Bubka. Siempre están los atletas que hacen que el público pague una entrada para verlos.

"É Campeão", el programa sensación


RIO DE JANEIRO.- El ex gimnasta Bart Conner, impecable de pies a cabeza, es el primero en llegar. Su esposa, Nadia Comaneci, tiene la jornada libre. Mark Spitz y Michael Johnson se despidieron la noche anterior. Javier Sotomayor, con anteojos oscuros pese a que el reloj marca las once y cuarenta y cinco de la noche, es el que se muestra más tímido. Su contracara es Carl Lewis. Se enoja, gesticula, se ríe. “El hijo del viento” se transforma en el centro de la atención. Mientras, en los estudios de SporTV se frotan las manos y piensan en Tokio 2020. ¿Será el turno de Usain Bolt y Michael Phelps? Todo es posible. En la señal deportiva dieron por sentado que si siempre se habla de que tal o cual deportista puede estar “en la mesa de los grandes”, ellos tienen la mesa. Y esa mesa tiene nombre: “É Campeão!” (“¡Es Campeón!”). Un show de leyendas olímpicas, de superhéroes deportivos.

Ideada para la Copa del Mundo de 2014, cuando contaron con Carlos Alberto, Daniel Passarella, Lothar Matthäus y Fabio Cannavaro, es la gran propuesta de la medianoche brasileña. Un formato más que tentador para quienes necesitan el mix de análisis, diversión e invitados. Y que además cuenta con un equipo de traductores, tanto para que los televidentes no se pierdan ningún detalle como para que puedan entenderse entre los panelistas.

La jornada olímpica pasa por allí. Hay comentarios netamente deportivos, pero también están los momentos más distendidos: Lewis enseñándole a un camarógrafo cómo tomar el testimonio en la posta 4x100, todos corriendo a la utilería a buscar bigotes para homenajear a Spitz o Comaneci replicando su rutina perfecta. Lo avisa André Rizek, su conductor: “Es un programa único en el mundo”.

El despliegue de SporTV cuenta con 16 señales, transmisiones en alta definición y conexiones nacionales e internacionales después de una medalla: hay corresponsales locales, pero también aparecen en Kingston o Berlín. Todos al pie del cañón.

Brasil ya no tiene más deudas


RÍO DE JANEIRO.– Neymar se desarma a un metro del área chica. Sus compañeros se van desplomando a lo largo y a lo ancho del campo de juego. En el Maracaná se destapa una olla a presión. Todos lloran. Mirar hacia al banco de suplentes es encontrar ojos rojos, abrazos. Las emociones se multiplican. El entrenador Rogerio Micale, que llegó tras la salida de Dunga en junio, no puede controlar sus lágrimas.

Tras empatar 1-1 en los 120 minutos, Brasil venció a Alemania por penales (5-4) y consiguió la medalla de oro en fútbol masculino. El título que le faltaba, el que completa las vitrinas. Para el que se preparó y para el que apostó por Neymar. Sin el capitán en la Copa América del Centenario, el objetivo era estar en lo más alto del podio en Río 2016 . Y la apuesta tuvo su premio: la selección brasileña se colgó la medalla de oro y “Ney” cumplió el mandato de ser “El Redentor”.

Desde Helsinki 1952, los brasileños tuvieron que participar en 13 Juegos Olímpicos para poder cumplir el sueño dorado. El bronce en Pekín 2008 y la plata en Londres 2012 habían potenciado la obsesión. Antes, habían conseguido platas en Los Angeles 1984 y Seúl 1988, y bronce en Atlanta 1996.

Las últimas dos semanas no tuvieron grises para Brasil. Neymar pasó de criticado a amado. Ya no se escucha el “Marta” como grito de guerra, ni se viraliza la camiseta con el ídolo tachado y reemplazado por la figura de la selección femenina. Ahora son todos gestos de reverencia. Un proceso similar al que acompañó al resto del equipo. Después de los empates sin goles ante Sudáfrica e Irak, la goleada frente a Dinamarca despertó al plantel. Colombia y Honduras fueron testigos de un nuevo orden.

Con Neymar como lanzador, Luan, Jesus y Gabriel Barbosa se transformaron en sus aliados en el ataque. Y al poder ofensivo le sumaron seguridad en defensa: el tanto del alemán Maximilian Meyer en la final fue el primer y único gol que recibió el arquero Weverton en el torneo. Un Weverton que llegó sobre la hora, por la lesión de Fernando Prass, y vivió la transformación de rueda de auxilio a héroe. Jamás olvidará el penal que le atajó a Nils Petersen.

Vengar el 1-7


La medalla cobra más valor que su peso en oro. Brasil necesitaba sacarse la espina de la última Copa del Mundo. Y Alemania aparecía como la pequeña revancha. El rival perfecto para empezar a escribir una nueva historia, para dejar atrás el 7-1 del 8 de julio de 2014 y sentar las bases de una nueva selección. Si esa noche con gusto a tragedia hundió a Brasil en un caos futbolístico y arrasó con su identidad, la final olímpica parece ser parte de un relanzamiento con nuevos nombres que se encolumnan por detrás del ídolo. Ya sin la mochila olímpica, la reconstrucción se apoyará en la generación dorada.

En un Maracaná con entradas agotadas, Neymar abrió el marcador de tiro libre, en lo que parecía la tarde soñada. Pero el partido se fue complicando y así fue que Alemania, con más orden que ideas, logró igualar las acciones. Después, Brasil acumuló llegadas, pero sin eficacia, y los germanos apostaron por la contra. Con el marcador empatado en uno, todo se definió en los penales. Sin fallas por el lado local, Weverton fue el que dejó al último campeón del mundo con la presea de plata. Y el que le dejó la mesa servida al ídolo: Neymar ejecutó el quinto disparo y desató la fiesta.

“Quiero hablar, pero no encuentro las palabras. Sólo tengo que darle gracias a Dios, a mi familia, amigos y compañeros por todo el apoyo que nos dieron en los momentos difíciles de la competición, donde fuimos muy criticados. Nosotros respondimos con fútbol. Es una de las cosas más felices que sucedieron en mi vida. ¿Y ahora qué tendrán que hacer? Tendrán que tragarme”, lanzó un Neymar desafiante. En silencio en los últimos partidos, sólo pensaba en contestar desde el campo de juego, haciéndose cargo del equipo, tomando la responsabilidad de ser la llave para alcanzar la gloria. Brasil, hasta ayer en el barro, es de oro. Y le grita al mundo que ha regresado.

La maldición de la medalla de oro

Argentina-Nigeria 1996

RIO DE JANEIRO.- La imagen de este lado del mundo siempre estuvo relacionada con Roberto Sensini: el defensor queda enganchado al intentar jugar el fuera de juego y el nigeriano Emmanuel Amunike sentencia. A falta de dos minutos para el pitazo final en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, la Argentina veía cómo se le escapaba el oro olímpico. El título que faltaba, y que recién llegó en 2004, con bicampeonato en 2008. Para Nigeria, por su parte, significaba mucho más que el relanzamiento del fútbol africano: era la confirmación de una camada que contaba con jugadores de la talla de Nwankwo Kanu, Jay Jay Okocha, Daniel Amokachi, Emmanuel Amunike, Taribo West, Tijani Babangida o Sunday Oliseh. Aunque pocos imaginaban en agosto de 1996 todo lo que iba a llegar unos meses más tarde. A poco más de 20 años, vale el recuerdo.

Campeones olímpicos en Atlanta, el siguiente paso era la conquista del Mundial de Francia. No como favoritos, pero sí como un equipo de temer. La brillante actuación en los Juegos respaldaba una buena campaña dos años después. Nigeria no sólo le había ganado en el partido decisivo a una selección argentina que contaba con Javier Zanetti, Hernán Crespo, Ariel Ortega y Diego Simeone, sino que en semifinales había despachado a un Brasil con Dida, Roberto Carlos, Bebeto, Rivaldo y Ronaldo.

En el regreso a Nigeria, los jugadores fueron considerados como “héroes nacionales” y recibieron premios más que interesantes: desde un departamento de lujo hasta un premio en efectivo de 200 mil dólares. El gobierno federal le dio a todo el equipo el honor de ser “Miembros de la Orden de Nigeria”. Los canales de TV salieron a las calles, pero también abrieron sus puertas para que el pueblo muestre su alegría en vivo y en directo. Los bares se quedaron sin cerveza y la noche resultó eterna.

Pero la fiesta no iba a durar demasiado. Y el crecimiento africano se iba a empezar a alejar de la realidad para ser sólo un avance ilusorio. Empezaba a gestarse lo que para muchos fue “la maldición de la medalla de oro".

Los casos que fueron “desmantelando” la ilusión nigeriana


  • Joseph Dosu. Nacido en Abuja, su carrera futbolística empezó y terminó en Lagos. Arquero del Julius Berger, tras Atlanta 96 dejó el club nigeriano para firmar con Reggiana, de Italia. Era su salto a Europa, luego de ser el arquero titular de la selección olímpica. Y los meses posteriores confirmaron su buen momento: disputó tres partidos con la selección mayor, ante Burkina Faso, Marruecos y Kenia. Ese encuentro ante Kenia, en enero de 1997, fue su adiós. Un accidente automovilístico en Lagos le dejó secuelas irreversibles y tuvo que retirarse a los 23 años. Su vida siguió ligada al fútbol: es representante de jugadores y trabaja en una academia juvenil. En el debut nigeriano en Francia 98, Sunday Oliseh marcó el 3-2 ante España y le dedicó el gol a Dosu.
  • Nwankwo Kanu. Tras los Juegos de Atlanta, Kanu pasó de Ajax a Inter. Fue el comienzo del fin. Durante los exámenes médicos, se encontró que padecía de problemas en el corazón. A los 20 años, y en su mejor estado de forma, su carrera empezó a desvanecerse. Operado en noviembre de 1996, volvió a jugar pese a los malos augurios, pero sus tres temporadas en Inter quedaron en el olvido. Después, estuvo en Arsenal, West Bromwich y Portsmouth. Se retiró en 2012. Ahora es empresario y embajador de buena voluntad de Unicef.
  • Tijani Babangida. Jugador del Roda holandés, tras Atlanta 96 dio el salto al Ajax, donde brilló en sus dos primeras temporadas, hasta que un viaje a Nigeria no salió como esperaba: contrajo malaria. Sin mucho rodaje en 1999, producto de la enfermedad, tuvo que empezar a irse a préstamo para sumar minutos. Jugó en Turquía, volvió a Holanda para firmar con Vitesse, disputó cinco partidos con el Al-Ittihad de Arabia Saudita y estuvo dos años en el Changchun Yatai, en el ascenso chino. Se retiró en 2004.
  • Emmanuel Amunike. El hombre que llevó a Nigeria a la gloria olímpica fue contratado por Barcelona, aunque conocían de sus problemas físicos, por lo que firmaron una clásusula de "no pago" en caso de una lesión durante los primeros seis meses. Sin molestias a la vista, Amunike superó ese plazo y se ganó un lugar. Hasta que se lesionó la rodilla en el inicio de la temporada siguiente. Ahí empezó su calvario. Después, se fue a Albacete y se rompió el talón de Aquiles. Terminó jugando en Jordania y se retiró en 2004.
  • Daniel Amokachi. Llamaba la atención por su físico y su potencia. Le decían “El Toro”. Las lesiones fueron minando carrera. Jugó en Besiktas, pero se tuvo que ir en 1999 y llegó a firmar con Colorado Rapids de Estados Unidos, pero ni jugó.
  • Mobi Oparaku. El defensor redondeó una curiosa trayectoria. Nunca volvió a tener un nivel respetable e inició un recorrido que incluyó un paso por El Paso Patriots, de la A-League estadounidense, y por Rivoli United, de la segunda división de Jamaica.

Los Juegos Paralímpicos y el ajuste


RIO DE JANEIRO.- La crisis política y económica de Brasil ya había puesto en alerta a los Juegos Olímpicos, pero Río 2016 no llegó a sucumbir ante la falta de dinero. El aporte llegó sobre la hora y, en tiempos de récords, repaso de medallas y balances, pocos recuerdan los problemas previos. Pero desde los Juegos Paralímpicos anunciaron que no correrán con la misma suerte. En una conferencia realizada en el Centro de Prensa, los responsables de los Paralímpicos Río 2016 dieron a conocer un fuerte plan de ajuste, con reducción de personal, el cierre de la sede de Deodoro y las clausuras de varios centros de prensa de los estadios, con la intención de achicar los gastos. Además, comentaron que tienen identificados a 10 países que no pueden viajar a Río porque no se les giró el subsidio correspondiente en tiempo y forma.

En la conferencia estuvieron presentes Philip Craven, presidente del comité paralímpico internacional (CPI), Andrew Parsons, vicepresidente del CPI y responsable del comité local, y el dirigente español Xavier González, CEO del CPI, entre otros.

  • Estado de situación. “Serán 22 deportes, con entradas económicas y la mayor cobertura televisiva de la historia. Además, contamos con el apoyo del alcalde Eduardo Paes y el presidente Michel Temer. Los atletas dedican su vida para participar de estos Juegos y nosotros les tenemos que responder. Sabemos que la situación es difícil, que Brasil no es el mismo de 2009 y que tuvimos que hacer varios. Será difícil contar con estadios repletos como en Pekín o Londres, pero el poder de la gente será un factor determinante”, comentó Craven. Además, puso la lupa sobre la “transparencia” en la información que les fueron brindando. “No tuvimos información concreta ni correcta en la previa”, dijo.
  • Fuerte plan de ajuste, con despidos y cierre de Deodoro. González reveló el ajuste que sufrirán los Juegos Paralímpicos de Río: “Hay un programa para reducir el personal. Esto se hará la próxima semana, tras finalizar los Juegos Olímpicos. Se van a reducir los servicios de transporte y la cantidad de voluntarios. Hemos sacado de Deodoro a las disciplinas que estaban pensadas y se llevarán al Parque Olímpico. También se cerrarán algunos centros de prensa y se unirán otros (los Arena Carioca se unificarán). Reduciremos carpas y también la cantidad de espectadores por sedes”.
  • El presupuesto. “Desde el principio trabajamos con un único presupuesto. No hay un presupuesto para olímpicos y otro para paralímpicos. Lo que resulta difícil es saber cuánto se comprometió para los paralímpicos”,señaló González.
  • Delegaciones sin dinero para viajar. “Identificamos 10 países con dificultades de viajar, incluso si se les transfieren las becas del viaje. Este dinero está. Queremos que se sepa y que se va a pagar pronto. Pero también se tiene que saber que tendría que haber pagado el 21 de julio”, revelaron desde la organización.
  • Entradas económicas. El CPI cree que los tickets empezarán a tener una mayor demanda más cerca de los Paralímpicos. Por ahora, se vendieron 300.000 entradas de 2.400.000. El objetivo son los 2 millones de espectadores. La mayoría de las entradas se pueden comprar por 10 reales. “Le pido al público brasileño que apoye a los atletas paralímpicos. No quiero invitarlos, quiero convocarlos. Cada día un atleta brasileño va a estar ganando una medalla. Por eso cada carioca tiene la obligación de venir a apoyarlos. Brasil es un país que se caracteriza por la diversidad”, pidió Andrew Parsons, brasileño de ascendencia británica.
  • El pedido de ayuda al Gobierno. “Esto no es un mal uso del erario público. Por supuesto que estamos sintiendo mucha presión con una crisis política y económica sin precedentes, pero creo que incluir a las personas con discapacidad no es un gasto, es una inversión”, destacó Parsons. El CPI necesita del aporte de los gobiernos de Temer y Paes para poder organizar los próximos Juegos Paralímpicos.


Publicado el 19 de agosto de 2016 en LA NACION

Laprovittola y Campazzo: "Le demostramos al mundo del básquetbol que se puede estar a la altura"

Campazzo y Laprovittola

RIO DE JANEIRO.- El día después de una noche por demás emotiva los encuentra en una Villa Olímpica que ya empieza a cerrar sus puertas. Lejos del ajetreo de hace dos semanas, ya es tiempo de descanso, de reencuentros y también de despedidas. El calendario se achica, la competencia empieza a disminuir y a los Juegos Olímpicos les queda el último aliento. Mientras, ellos aprovechan para cumplir con las obligaciones del sector internacional, el espacio donde conviven deportistas, periodistas y familiares: pasan por un local de comidas rápidas, juegan al beach voley y hablan con la prensa. Distendidos, Facundo Campazzo y Nicolás Laprovittola no se separan. A horas de lo que fue la última función de la Generación Dorada , ellos son la generación intermedia. La de los 25-26 años, que toma el testimonio que dejaron Manu Ginóbili y Andrés Nocioni . “Los jugadores se van, pero la selección sigue”, avisó el capitán Luis Scola . Y ese mensaje queda marcado a fuego en los dos bases que tuvo el seleccionado de básquetbol.

Nos pudimos mostrar y también demostrar que estamos a la altura”, dice Laprovittola. “Hay que dar vuelta la página”, lanza Campazzo. En diálogo con LA NACION, repasan la experiencia en Río y dan la cara por lo que vendrá.

–¿Cuáles son las sensaciones del día después de la derrota ante Estados Unidos? Más allá del resultado, por todo lo que significó el partido...

Campazzo: –Hay que dar vuelta la página. Es obvio que no nos gustó quedar afuera antes de tiempo, pero, al margen del resultado, creo que se vivieron cosas muy buenas, muy fuertes y muy emotivas. Pasó lo de Manu, lo de las cuatro bestias [Ginóbili, Nocioni, Scola y Delfino]. Y tampoco hay que dejar pasar que hubo un grupo de jóvenes que se mostraron, que querían estar a la altura y lo hicieron muy bien. Pasaron muchas cosas en el último partido que fueron muy buenas.

–¿Les quedó esa sensación de que tuvieron tiempo suficiente para mostrarse?

Laprovittola: –Si bien sabíamos de la atención y de todo lo que generan Manu, Chapu, Luis y Carlos, y que iban a tener mucha participación, creo que todos los chicos tuvimos nuestro momento. Un ejemplo muy claro fue el de [Roberto] Acuña , que tuvo grandes momentos. Ni hablar de Pato [Garino] , de Gaby [Deck] . Nos demostramos a la gente, al mundo del básquetbol y a nosotros mismos que se puede estar a la altura. Ya lo hicimos en México y poder repetirlo acá, en otro nivel, nos va a servir para estar preparados para lo que viene.

–¿Creen que el partido contra Brasil fue la mejor actuación de este equipo en Río?

Campazzo: –Fue uno de los partidos más importantes del grupo, de la clasificación, y nos sirvió a todos para darnos cuenta de que, más allá de tenerle cierto respeto a todos los equipos, medirnos en un partido así es muy importante para nosotros, los jóvenes, que nos damos cuenta que podemos estar a la altura.

–Cuando faltaban cuatro minutos contra Estados Unidos entraron Ginóbili, Scola, Delfino y Nocioni, pero en el instante previo el quinteto era Laprovittola, Brussino, Deck, Garino y Acuña ¿Ese también fue un mensaje?

Laprovittola: –Creo que sí. El partido se abrió, no terminó siendo el partido que habíamos pensado, y dio para tener la oportunidad de que podamos jugar todos los chicos juntos. Y, ya después, poder despedir a esta gran generación.

–¿Cómo vivieron el último cuarto?

Laprovittola: –Fue muy emotivo el final, el último cuarto. Es difícil pensarlo así, con tanta diferencia de puntos, pero tuvo un gustito especial. Y vivirlo nos va a servir mucho de experiencia. Pudimos conocer bien de cerca lo que piensa Manu, lo que te puede transmitir Carlos. Con Chapu y Luis estuvimos el año pasado y siempre fue un placer jugar con ellos.

–¿Qué balance hacen de sus actuaciones?

Campazzo: –Me sentí bien, con confianza. Nos tocó suplir una posición que no era fácil. La que tuvo siempre Pablo [Prigioni] . Y creo que nosotros dos dimos lo mejor, nos vaciamos hasta el final y aún podemos dar un salto de calidad. Suplir esa posición no fue fácil y lo hicimos bien.

Laprovittola: –Fueron mis primeros Juegos y creo que, pese al resultado final, disfruté vivir todo este ambiente, convivir en la Villa, jugar con Manu. Fue mucho más de lo que yo pensaba. Pasó por encima las expectativas con las que venía y la verdad es que viví un torneo en lo deportivo muy lindo. Tuve mis momentos buenos y de los otros, en los que no salieron las cosas. También tuve una lesión que todavía me duele. Pero lo pude sobrepasar y estuve cuando el equipo me necesitaba. Di todo y me voy muy contento por eso.

–¿Se dio una despedida formal de Ginóbili y Nocioni en el vestuario?

Campazzo: –La verdad es que no hubo muchas palabras. Fue más verles las caras. No hablaron mucho y si se hablaba algo no lo íbamos a decir [ríe]. Pero no. No hubo muchas palabras. Era como que ya todos entendíamos el mensaje. Lo que se vivió en la cancha fue muy emotivo y no hacía falta que nadie hablara. Nosotros nos sentimos privilegiados de poder compartir ese momento con ellos.

Publicado el 19 de agosto de 2016 en LA NACION

Neymar se pone la camiseta de redentor


RIO DE JANEIRO.- Brasil pasó del lamento al entusiasmo. De las críticas a la ilusión. La montaña rusa de sensaciones lleva apenas 15 días. Ya pocos recuerdan el debut sin goles ante Sudáfrica o las chances desperdiciadas ante Irak, selecciones que no tendrían que haber supuesto tamaña frustración. Las chances de conseguir el oro olímpico cambiaron la percepción. Neymar ya no es la figura a la que abuchean. Neymar es "El Redentor."

El tabloide O Globo Olímpico, de distribución gratuita en la Villa Olímpica, pone en tapa el "Nos vamos a ver de nuevo" y habla de un "clásico moderno" en sus páginas interiores. "La revancha", titula O Estado de Sao Paulo. Zero Hora va un poco más allá: "Llega el fantasma, el rival del partido fatídico". Para Correio Braziliense, "no hay revancha del 7-1, pero un triunfo valdrá su peso en oro". En Brasil todos hablan de Neymar, pero también de Alemania.

Más allá de que en Río se ilusionaban con un cruce entre argentinos y brasileños en el Maracaná, la final del fútbol masculino parece armada a medida de la sed de revancha local. Mañana, desde las 17.30, la selección verdeamarelha buscará conseguir el título que le falta ante Alemania. Morbo asegurado. Y aunque la revancha parece mínima, en comparación con la semifinal de una Copa del Mundo, el foco está puesto en dar un salto de página y sentar las bases de una resurrección del fútbol brasileño. Será en el Maracaná, ante su gente, y frente al rival que le asestó uno de los golpes más duros de su rica historia.

Neymar no habla con la prensa. Sus gestos en la zona mixta tras el 6-0 a Honduras en la semifinal hablaron por él. Se lo vio entre enojado e irónico. Como si su respuesta estuviese guardada para el momento de la consagración, con el oro inédito en el pecho. No olvida planteos en la antesala de los Juegos Olímpicos. Y más allá de su magnetismo de estrella de rock, ahora prefiere el silencio. "Tienen que empezar a ver lo que hago en la cancha. Mis cosas personales, el tiempo que estoy afuera, es privado", respondió una semana antes de Río 2016, cuando le marcaron cierta afición a la noche. Después, le llovieron las críticas por sus actuaciones. Y ahí ya se rompió todo contacto con los medios.

"Brasil no está muerto", señala el entrenador Rogerio Micale. "Todavía no hemos ganado nada, pero tenemos un gran grupo de jugadores. Tenemos una generación que responde. Neymar está por encima de la media, pero aparecen los Marquinhos, Rodrigo Caio, Renato Augusto, Rafinha, Walace. Nuestra idea es atacar con once y defender con once y ahí radica el secreto de este equipo", agrega. Y en ese esquema es donde Neymar aparece suelto, moviéndose como un enganche que no sólo encara, sino que también asiste con pases filtrados entre los centrales rivales. Jesus, Gabriel Barbosa ("Gabigol") y Luan son los responsables de dar la puntada final.

A dos años de la frustración mundial, Brasil se encuentra de cara a una nueva oportunidad de consagrarse como local. El triunfo aparece como el comienzo de una nueva etapa. Aunque el golpe germano sumaría un nuevo capítulo a la pesadilla. "Tenemos que aprender que en el fútbol las cosas no pueden cambiar de una semana a la otra. Sabemos que hay presión, que nos interesa la medalla de oro y que estamos jugando un fútbol que tiene calidad, pero también entrega", dice Micale. Y remata: "Contamos con esa mentalidad y con un monstruo como Neymar. Ahí está la razón de nuestra esperanza. De saber que este sueño puede terminar de la mejor manera".

Publicado el 19 de agosto de 2016 en LA NACION

Andrés Nocioni y la batalla final del gran gladiador


RIO DE JANEIRO.- El joven Andrés sentía debilidad por el básquet. En Gálvez, no sólo jugaba, sino que también seguía todos los partidos de las ligas europeas por Televisión Española. Mientras, soñaba con alguna vez entrar en un partido de la selección argentina. Sueño mayúsculo para el chico que ya cargaba con el apodo de Chapulín. O, el abreviado, Chapu.

Son las ocho y veinte de la noche de la noche en Río de Janeiro. El estadio Arena Carioca 1 es un puñado de emociones. Andrés, guerrero en un sinfín de batallas, sabe que el 17 de agosto de 2016 quedará como la fecha del adiós. Se abraza con sus compañeros, saluda y recibe el cariño de los hinchas argentinos que se acercaron a ver la función despedida. Tras 17 años, decide que ya no volverá a vestir la camiseta de la selección con el Nocioni en la espalda. Hace mención a “Manu, Luis y Carlitos” y recuerda tiempos mejores. Lejos de aquellas tardes en Gálvez, se marcha con el curriculum que jamás imaginó. Atrás quedan títulos sudamericanos, festejos en el FIBA Américas, una medalla de oro en Juegos Olímpicos, un subcampeonato del mundo y su nombre inscripto entre los jugadores con más presencias albicelestes.

“Definitivamente, sí. Fue mi último partido. Estoy retirado de la selección. Lamentablemente creo que esto es así. Obvio que duele, pero hay que dejar paso a los chicos. Mi puesto está bien cubierto, no creo que se sienta tanto mi ausencia, así que espero que tengan toda la suerte del mundo, que sigan trabajando, que sigan progresando. Pero sí, este fue mi último partido”, sentencia Chapu en la zona de atención a la prensa, tras una dura derrota ante Estados Unidos por 105-78. El Dream Team al que alguna vez le quitó el sueño. Al que supo hacerlo terrenal.

“Se juntan muchas emociones. Uno dejó muchas cosas de lado por la selección argentina. Siempre hemos tratado de ser los más fieles posible. De dejar el país lo más arriba posible”, explica. Y remarca: “Siempre dimos todo por este país”. Dice que “es muy difícil encontrar gente tan comprometida” y que cumplieron sueños que parecían lejanos.

“Conseguimos estar en cuatro Juegos consecutivos [Atenas, Pekín, Londres y Río ] y no jugamos cinco porque se nos escapó por tres puntos contra Canadá, en Puerto Rico. Dominamos a Estados Unidos por años, conseguimos medallas, logramos el subcampeonato del mundo”, repasa.

Mira hacia atrás y da un punteo que parece interminable. Sus años en Europa, sus ocho temporadas en la NBA, sus títulos con la selección. Al lado, Manu Ginóbili también se suma al adiós. “Algún día nos sentaremos y hablaremos de esto como si fuera un cuento. Ahora lo estamos viviendo, pero después nos vamos a dar cuenta que la dimensión es increíble”, dice, antes de caminar por última vez por el pasillo que lo llevará al vestuario. De compartir espacio con sus compañeros, de abrazarse a Ginóbili, Scola y Delfino . Y pasarle el testimonio a las nuevas generaciones. A los 36 años, decide dar un paso al costado. Quedarán su entrega, su juego y un corazón al servicio del seleccionado. Es el gladiador que cumplió el sueño del pibe.

Publicado el 18 de agosto de 2016 en LA NACION

El sueño de una revancha olímpica para su catástrofe mundialista


RIO DE JANEIRO.- Al sueño dorado de Brasil sólo le queda un paso. Es el título que le falta, y el que quiere celebrar pasado mañana en un Maracaná con entradas agotadas. Todos piensan en el mejor cierre para la película, en un Neymar en andas y con Río de Janeiro rendido a sus pies. Tras la goleada por 6-0 ante Honduras, el rival será Alemania . Con toda la carga emotiva -y futbolística- que eso significa para el pueblo brasileño. "Alemania podés esperar, tu hora va a llegar", fue el cántico que bajó de las tribunas. El 7-1 mundialista sepultó la ilusión. La mínima revancha, aunque sea olímpica, despierta cierta idea de resurrección.

Pero lo que los locales jamás imaginaron era que el trámite anterior iba a resultar tan sencillo. Que se iba a cerrar tan rápido. Catorce segundos fueron suficientes para que Neymar presionara una salida hondureña, marcara el gol más rápido de la historia de los Juegos Olímpicos, sintiera una molestia y el cuerpo médico brasileño ingresara con una camilla. La imagen que trajo el recuerdo del 4 de julio de 2014, el día del golpe de Camilo Zúñiga en Fortaleza.

Tras el gol del capitán, ya no hubo partido. Honduras, que dejó afuera a la selección argentina en la etapa de grupos, nunca fue rival. El delantero de Barcelona abrió el marcador y Jesus sentenció con un doblete. Todo en 34 minutos. Brasil fue una aplanadora y terminó goleando 6-0. Marquinhos, Luan y otra vez Neymar -de penal-, le pusieron cifras definitivas a una de las semifinales de Río 2016. No hubo equivalencias. Fue una función del jogo bonito que tanto se extraña por estas tierras.

La goleada hizo olvidar el comienzo poco alentador. Los empates sin goles ante Sudáfrica e Irak, con abucheos y el grito de guerra de "Marta", presagiaban el desastre. En un Brasil que está a los tumbos a nivel selección, el pálido arranque parecía la continuidad del mal momento. Pero la goleada 4-0 a Dinamarca, el miércoles pasado, cambió la mentalidad del equipo. Después, el 2-0 a Colombia, en cuartos de final, confirmó el buen momento. Fiel a su rica historia, la selección brasileña olió sangre y no perdonó. Y a la eficacia en ataque le sumó solidez defensiva: mantiene su valla invicta después de cinco encuentros.

Subcampeón en Londres 2012 y tercero en Pekín 2008, el oro olímpico se le viene negando a la verdeamarelha. El pentacampeón del mundo todavía no conoce la gloria en los Juegos. En el historial, acumula tres platas (1984, 1988 y 2012) y dos bronces (1996 y 2008). Pero ahora se quiere subir a lo más alto del podio en casa, ante su gente. Neymar, que no disputó la Copa América para decir presente aquí, no quiere fallar e intentará colgarse la misma medalla que tiene su amigo Lionel Messi.

"Neymar es un monstruo, tiene un don para jugar al fútbol", lo elogió el entrenador Rogério Micale. "Hay que entender que carga mucha presión sobre sus espaldas". No hay ninguna duda de eso: "Vamos a demostrar que el fútbol pertenece a Brasil" tuiteó Pelé.

A la espera de Alemania, que venció 2-0 a Nigeria en el Corinthians Arena, en Río se frotan las manos con cierta sed de revancha. Quieren vengar la tarde más dura del fútbol brasileño. Ese 8 de julio de 2014 en el que el Mineirao hizo silencio. El del 7-1 que hundió a Brasil en un drama futbolístico y mental. Neymar y compañía van por el oro que falta, el que parece inalcanzable. Y por empezar a escribir una nueva historia.

Publicado el 18 de agosto de 2016 en LA NACION

La novela del robo a Ryan Lochte


RIO DE JANEIRO.- La denuncia que puso bajo la lupa la seguridad de Río de Janeiro durante los Juegos Olímpicos empieza a tener varias contradicciones y va camino a transformarse en una novela, en la última semana de Río 2016 . Tras conocerse que el nadador Ryan Lochte había sido asaltado a mano armada por hombres vestidos como policías, un video de la cámara de seguridad de la Villa Olímpica -difundido por Daily Mail- y algunas contradicciones en las declaraciones pusieron en la mira las circunstancias del supuesto asalto.

Esta mañana, una jueza brasileña prohibió la salida del país de los nadadores estadounidenses Ryan Lochte y James Feigen mientras investiga las circunstancias del atraco que los deportistas dijeron haber sufrido en la madrugada del domingo. La decisión de la jueza Keyla Blanc, del juzgado especial de Grandes Eventos, responde a las versiones contradictorias ofrecidas por los nadadores sobre el asalto, según señala la prensa local. Lochte habría dejado Brasil en las últimas horas, antes de la prohibición.

De acuerdo con la versión de Lochte, él y otros tres compañeros de su equipo habrían sido asaltados a punta de pistola tras salir de una fiesta en la Casa de Francia. Sin embargo, el video que captó las imágenes de su acceso a la Villa Olímpica en el control de seguridad muestra a los nadadores tranquilos y con sus efectos personales.

La versión de los nadadores


Los deportistas contaron que habían participado de una fiesta en la Casa de Francia, la casa montada por Francia para divulgar su deporte, comida y cultura, y al salir tomaron un taxi para regresar a la Villa Olímpica. Su trayecto fue bloqueado por unos hombres que afirmaron ser policías y obligaron al auto a parar.

"Nos mostraron un carnet de policía, nos apuntaron y dijeron que debíamos tirarnos al piso. Yo me negué porque pensé que no habíamos hecho nada malo y fue ahí que me apuntaron a la cabeza. Amenazaron con disparar, así que levanté las manos. Se llevaron dinero y bolsos, pero nos dejaron los celulares y los documentos", contó Lochte al canal de televisión estadounidense NBC.

Estados Unidos selló la función despedida


RIO DE JANEIRO.- Luis Scola y Manu Ginóbili hablan en el banco en un segundo cuarto durísimo. Las caras lo dicen todo. Son de cierta de impotencia, de ver cómo se escapa la ilusión. Andrés Nocioni anota un triple, ve el tablero y se lamenta por la diferencia. Carlos Delfino intenta, pero no puede. En un Arena Carioca 1 a tono para la ocasión, con entradas agotadas y muchísima rivalidad argentino-brasileña, Estados Unidos fue el techo. El Dream Team, el rival que al que esta generación le quitó el sueño, resultó demasiado y selló lo que se cree como la función despedida de la mejor selección argentina de básquetbol. De 15 años de títulos, podios y de una facilidad para hacer posible lo imposible. La victoria por 105-78 le dio a Estados Unidos el pase a los cuartos de final de Río 2016 , etapa en la que se enfrentará con España, ganador de Francia. Para la Argentina, es el final de un ciclo brillante, definitivamente inolvidable.

Tras un buen inicio, el partido se quebró a falta de un minuto y 34 segundos para que finalice el primer cuarto: Estados Unidos logró pasar al frente por primera vez, se puso 23-21 y la Argentina empezó a correr cada vez más de atrás. Ya nada fue igual: no alcanzó la cabeza de Manu, ni el show que intentó montar Facundo Campazzo , ni las ganas de Scola, ni los intentos de Chapu. Al cierre del tercer cuarto, la diferencia llegó a ser de 27 puntos. Kevin Durant (27 puntos) fue el abanderado de un triunfo que pone a los estadounidenses en semifinales y los encarrila camino a otra medalla de oro, aunque primero tendrán que superar el duro escollo que supone España.

A falta de cuatro minutos, llegó el mensaje desde el banco. Primero, con Laprovittola, Brussino, Deck, Garino y Acuña en el campo. En un último cuarto ante el Dream Team. Fue el mensaje previo a la despedida formal. Después, con el ingreso de Scola, Nocioni, Delfino y Ginóbili. El último show de la banda.

Si por algún resquicio se filtraba la ilusión del gran golpe, era todo culpa de ellos. De un grupo que empieza a despedirse, pero que dejará una marca en el deporte argentino. Apenas cuatro selecciones obtuvieron el oro en el básquetbol olímpico. Así se entiende el aplauso de pie, más allá de las cargadas brasileñas en el final (la revancha de la eliminación previa). El reconocimiento por lo que fueron. Y por el legado que dejarán.

Publicado el 17 de agosto de 2016 en LA NACION


Otro Maracanazo: un dolor infinito para las brasileñas


RIO DE JANEIRO.- Marta, cinco veces elegida como la mejor jugadora del mundo, se desploma en el centro del campo. No encuentra consuelo. Hasta ayer grito guerra de los brasileños contra el fútbol que practica la selección masculina, ahora es la cara de la derrota. De un traspié que ni ella ni sus compañeras logran digerir. Enfrente festeja Suecia, el rival al que venció 5-1 en la etapa de grupos, y que sólo consiguió un triunfo para llegar a la final. Tras cargarse en los penales a Estados Unidos, en cuartos, dejó al Maracaná de rodillas en semifinales. Todo una obra maestra de la entrenadora Pia Sundhage, arquitecta de un esquema ultradefensivo. Marta y sus compañeras llegaron 33 veces al arco rival y jamás pudieron doblegar a la arquera Hedvig Lindahl. Una muralla.

Horas antes colapsó la ciudad. Tomarse el subte desde el centro de Río hasta el Maracaná resultó caótico. Lo mismo sucedió en los colectivos. Los cariocas tomaron por asalto el transporte público un martes al mediodía. Casi todos con la camiseta amarilla de Brasil. Y en gran parte con el dorsal 10, de Marta. La Messi brasileña. Dos horas más tarde, Marta Vieira da Silva y sus compañeras sufrieron un golpe inesperado. Cosas del fútbol, hasta ayer amadas y marcadas por las diferencias con la selección masculina, ahora tendrán que ir por la medalla de bronce. Con dos medallas de plata en Pekín y Londres, este traspié suma una nueva frustración olímpica para las brasileñas. “No es hora de pensar si sigo o no”, dijo Marta, en la atención a la prensa. En el aire flotaba la idea de una salida anticipada a sus 30 años.

Reconocida por la FIFA y por sus pares, Marta tiene un magnetismo especial. Es la que todos admiran. En el país de Pelé, Ronaldo, Ronaldinho y Neymar, está instalado el fenómeno Marta. Ya se había vivido en los primeros días de Río 2016, cuando la selección masculina tuvo que soportar que los hinchas pidieran por ella. Y se repitió el fin de semana, cuando todos vibraron por la clasificación por penales ante Australia, en un estadio lleno y con el pueblo agolpado en los bares.

Mientras el fútbol femenino no logra despegar en cuanto a popularidad en la Argentina, en Brasil ya atrae multitudes. Las chicas quieren ser como Marta. Y las jugadoras crecen fronteras adentro, pero sueñan con jugar ligas más competitivas como Dinamarca, España, Francia, Suecia, China y Estados Unidos. Rincones donde el fútbol femenino cobra relevancia.

En la extraña dualidad brasileña entre Marta y Neymar, el fútbol hizo un guiño que dejó la grieta patas para arriba. Del “Marta, Marta” a los hombres por el 0-0 ante Irak pasaron sólo nueve días. Y hasta parece lejana la transformación viral de la camiseta brasileña: un niño llamado Bernardo tachó a “Ney” de su camiseta para escribir el nombre de la capitana. “Gana todo. Es un símbolo del feminismo. Y se merece que la lleve en la espalda más que él”, explicaba en Facebook.

Desde las 13, Neymar intentará dar otro paso de cara a la medalla de oro que tanto quiere Brasil. Será ante Honduras, en el Maracaná. Era el partido que tenía que jugar la Argentina, el clásico que no pudo ser.

Publicado el 17 de agosto de 2016 en LA NACION

El Parque Olímpico, donde el deporte es rey absoluto


RIO DE JANEIRO.- Caminar por el Parque Olímpico resulta tan fascinante como el ingreso a sus principales escenarios Es una experiencia que va más allá de los Juegos. Es respirar deporte en poco más de un millón de metros cuadrados. Se multiplican los estadios, los puestos de comida, los locales de los principales sponsors. Es un rincón mágico que se levantó donde antes sólo rugían los motores del circuito de Jacarepaguá. Son 10 estadios para 16 disciplinas, entre las que se destacan básquet, ciclismo, gimnasia artística , gimnasia rítmica, handball, judo, lucha , taekwondo, esgrima y tenis.

Ya el ingreso por la avenida Embaxaidor Abelardo Bueno genera el primer llamado de atención. Sea de día o de noche, impactan las dimensiones. Después, se puede seguir caminando por el Camino Olímpico. La pasarela ideal, con estadios de un lado y del otro. A la derecha está, por ejemplo, el Centro Olímpico de Tenis. Mientras que a la izquierda sobresalen los tres Arena Carioca. Y en el medio de ese camino hay un edificio del Grupo Globo. El portal globoesporte.com ocupa el primer piso, SporTV, el segundo, y Globo, el tercero. Es desde el estudio del canal deportivo de donde sale el programa sensación de la medianoche, con Mark Spitz, Nadia Comaneci y Carl Lewis como panelistas. El mix de análisis y show tiene momentos antológicos, con participación activa de las leyendas y traducción al instante. La semana pasada, Comaneci, de 54 años, recreó su rutina perfecta.

El público disfruta cada paso y tiene a la cerveza como la bebida preferida. En algunos casos por gusto. En otros, porque es la única manera de conseguir los vasos coleccionables de Río 2016. "¿Querés de algún deporte en particular?", preguntan los vendedores, ávidos por entregar los vasos que todos pretenden. La vedette de la plaza del Espectador, el espacio dedicado a la comida, la ropa y la tecnología. Ahí se mezclan las pizzas, los productos oficiales y la realidad virtual. Todo al ritmo de la "Garota de Ipanema" que suena por los altoparlantes, como para no dudar dónde son los Juegos. Y como previa de un llamativo salto a "Sorry", de Justin Bieber . Bienvenidos a 2016.

Hay un local de venta de entradas, donde todos hacen números, por los precios, y cálculos, por los próximos cruces de sus selecciones. También un "mercadinho", con productos básicos, y varios puestos ambulantes donde el acaí se consigue a 12 reales y los helados van de los 8 a los 14. Los pagos se pueden hacer en los locales o acercándose a cualquiera de las 50 personas que tienen un posnet en su riñonera. Son cajas al paso. Hay fotos en los anillos olímpicos, una escenografía que recrea un salto con garrocha y varias postales que entregan los morros que aparecen en el horizonte.

Núcleo de Río 2016, el Parque Olímpico será otro de los legados urbanos. Tras el paso de los Juegos, el Parque será transformado en un amplio complejo deportivo y educacional destinado a los estudiantes de los colegios municipales y a los atletas de alto rendimiento. Serán otros tiempos. Mucho más lejos del show y más cerca del deporte local.

Publicado el 16 de agosto de 2016 en LA NACION

Viaje por el subte olímpico


RIO DE JANEIRO.- Quedarán los estadios, el impactante Parque Olímpico, los edificios del centro de prensa y el desarrollo inmobiliario de la Villa Olímpica. Pero en Río de Janeiro muchos creen que el mayor legado que dejará Río 2016 está bajo tierra. La línea 4 del Metro, inaugurada contrarreloj cuatro días antes los Juegos Olímpicos, es el proyecto en cuestión. El legado del transporte urbano. La conexión entre los barrios del centro y Barra de Tijuca en sólo 15 minutos, cuando el viaje en auto puede variar entre la media hora y las dos horas. Es que nadie tiene el tiempo asegurado sobre el asfalto de la ciudad carioca.

Con gran parte de los Juegos Olímpicos volcados a las zonas de Barra de Tijuca, Recreio, Jacarepaguá y Deodoro, el transporte público es la mejor alternativa para salir de Ipanema o Copacabana, donde se hospeda gran parte del público que llega a Río para disfrutar de la gran cita olímpica.

Por eso, miles de personas eligen cada día la combinación entre la línea 4 del Metro y el BRT (Bus de transporte rápido, por sus siglas en inglés). Se trata de un recorrido de 16 kilómetros que conecta Ipanema con Jardim Oceânico, donde empieza Barra. En total, son cinco estaciones: Nossa Senhora da Paz (Ipanema), Jardim de Alah, Antero de Quental, São Conrado/Rocinha y Jardim Oceânico. El costo de la obra se calcula en 3 mil millones de dólares. Un número que impacta con el gobierno de Río de Janeiro en estado de emergencia económica.

Después, es necesaria la conexión con el BRT para poder llegar a los estadios. El sistema de metrobús funciona de manera exclusiva para lo que denominan como "familia olímpica" (deportistas, periodistas acreditados, trabajadores de los Juegos y espectadores con entradas). Por eso, es necesario contar siempre en la mano con la acreditación o la entrada y la Río Card (la tarjeta tipo SUBE) para evitar inconvenientes en los controles. La otra opción es utilizar el metrobús no olímpico, pero las filas en las terminales alcanzan entre las 100 y 200 personas, dependiendo de la hora.

En los últimos días, la cantidad de usuarios fue creciendo. Situación que se potenció este fin de semana, con eventos como el Argentina-Brasil de básquetbol o los partidos de Juan Martín del Potro en el Parque Olímpico. Ayer, al mediodía, la conexión a pie entre Metro y BRT llevaba tanto tiempo como el viaje en el subte.

Eso sí, la mayor crítica aparece en los horarios nocturnos. La línea 4 deja de funcionar a la 1, por lo que el último tren que sale de las instalaciones olímpicas parte a las 0.30, en plena actividad de disciplinas como el básquet o voleibol. El lunes pasado, el gobierno salió a dar la cara porque había prometido que iban a advertir a los espectadores en los estadios que el Metro estaba por cerrar, pero no se hizo y alrededor de 3.000 personas se quedaron sin poder regresar en transporte público desde Jardim Oceânico. Un viaje en taxi desde ahí hasta los barrios del centro puede costar entre 60 y 70 reales (unos $ 300).

La línea 4 será abierta al público en general el 19 de septiembre, una vez que acaben los Juegos Paralímpicos y será de de suma utilidad para quienes quieran cruzar el centro de Río de Janeiro de punta a punta. "Fue un gesto heróico la inauguración", destacó el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, el día que empezó a funcionar. Pero no tenía relación con la mejor del transporte público; fue porque estuvieron a punto de no llegar con las obras.

Publicado el 15 de agosto de 2016 en LA NACION

Andrés Nocioni: el hombre que merece la estatua


RIO DE JANEIRO.- El desgaste que le provocó la dura partida de ajedrez frente a Lituania le dejó secuelas imposibles de disimular a sus 36 años. Las mentales, como la bronca que le generó haber fallado tanto ante los europeos, y las físicas. "Manu me decía: 'levantate, morsa'. Ayer me la pasé todo el día en la cama", revela. Pero sabe que el básquetbol es así, que exige en el día por día y que todos cuentan con el mismo tiempo de descanso. Por eso celebra su actuación contra Brasil, en un clásico que la Argentina ganó por 111-107 y que tuvo todos los condimentos. "Me focalicé en dejar atrás lo del otro día y metí más que lo normal", aclara. Fueron 37 puntos -igualó una marca de Luis Scola frente a Rusia en Pekín 2008- y 11 rebotes. Pero el triple que estará en el compendio de las mejores jugadas de estos Juegos Olímpicos será el del empate que forzó el tiempo suplementario. La pelota que cambió el rumbo del clásico y desplomó anímicamente al rival.

"Me puse nervioso el otro día porque no tuve un buen partido y no entraron las pelotas que tenían que entrar. No estamos sobrados de personal como para dar esas ventajas", comenta. Y le da un valor extra al éxito ante el dueño de casa: "El triunfo fue emocionante porque esto no sólo sirve para lo numérico, sino también para lo espiritual. Nos sentimos muy orgullosos por lo que hicimos. Era un partido clave, era el partido que teníamos que ganar. Vinimos a ganar tres partidos y lo conseguimos".

"Cuando Brasil nos sacó una diferencia grande podríamos haber tirado la toalla, bajar los brazos. Pero seguimos luchando. Cuando uno sigue luchando tiene más chances de que las cosas buenas sucedan", destaca. Aunque también aclara que sabe que lo que vendrá será igual de duro o más. Que no habrá adversarios fáciles, que será clave vencer a España y que no importará en qué posición termine la Argentina en el grupo. "Somos inferiores a todos los demás y si alguno dice algo distinto está mintiendo. Por lo cual no es importante dónde terminemos", avisa.

Así como Facundo Campazzo fue el responsable del plus que dio el equipo en el final, Andrés Nocioni entregó su mano caliente y su corazón al servicio del seleccionado . Él fue la concentración y la potencia. Una combinación letal cuando las piernas ya no respondían, cuando todos se miraban esperando el error del rival y buscaban el último aliento.

"Necesitábamos un corazón como el de Chapu", dice Manu Ginóbili , quien además exige una estatua. "Muchas veces lo querés matar, pero su temperamento es lo que le da lo que hizo hoy. Chapu es un bicho muy especial y es uno de ésos que están en extinción. Uno de los últimos ejemplares", agrega. "¿Una estatua?", se sorprende Chapu, santafecino nacido en Gálvez. Y se divierte: "Una estatua... afuera de Gálvez".

Publicado el 14 de agosto de 2016 en LA NACION

Facundo Campazzo: el pequeño guerrero centrífugo


RIO DE JANEIRO.- Un metro setenta y nueve. Los números no mienten, aunque él se haya ganado la fama de mentir sobre su altura. Cree que decir que mide un centímetro más ya es algo distinto. Que amedrenta. El salto en la última jugada del último cuarto ante Brasil deja aun más dudas: el 7 tomó un rebote entre gigantes, le abrió la pelota a Andrés Nocioni y ya es historia conocida lo que pasó a falta de 3.8 segundos del clásico con Brasil en Río 2016. El 85-85 llevó el partido a tiempo suplementario y le dio aire a la Argentina con miras a un final de película.

"Fue un partido para el infarto. No apto para cardíacos", dice Facundo Campazzo . Y se ríe. Sabe que no escapa de los lugares comunes. "Que esta victoria no nos tape el bosque", agrega. Y vuelve a sonreír. El ida y vuelta de frases hechas puede ser interminable, y sigue con un "ahora hay que ir paso a paso". Hombre clave en el triunfo en el Arena Carioca 1, Facu firmó una planilla de 33 puntos y 11 asistencias. Tras algunos pasajes en que se mostró dubitativo en la toma de decisiones, mostró su mejor versión en la segunda mitad. "Fue un partido que tuvo todos los condimentos. Dimos un paso adelante en el juego. Dimos vuelta la página y corregimos los errores que cometimos contra Lituania. El que era más detallista ganaba. Fue un gran trabajo de todos. Es Brasil, en su cancha", analiza en la zona mixta. "Fuimos inteligentes", añade el cordobés de 24 años.

Es tan poderoso el chiquitín que Manu Ginóbili lo compara con un "Koh-i-noor". El secarropas de moda en los años noventas se destacaba por su pequeño tamaño, pero también por su sistema centrífugo. Características que reúne el base: es un torbellino en envase chico. Uno de "los 12 guerreros que dejaron la vida", según sus propias palabras. No disfruta de los focos de la fama efímera ni piensa en la actuación individual. Tanto en la cancha como fuera de ella, Campazzo se dedica a levantar al grupo. "Ya está acostumbrado a tener estas responsabilidades", explica Nocioni, el otro superhéroe en la tarde carioca. "Hizo ganar a Peñarol. Hizo ganar a Real Madrid (aunque no jugaba tanto, pero sé por qué lo digo). E hizo historia con Murcia", repasa Chapu la carrera del Nº 7.

¿Cómo responde el equipo a las reacciones que provoca en los hinchas? Lo explica Facundo: "La gente está muy ilusionada. Nosotros, también. Queremos ganarle a España, seguir mejorando y encontrar nuestro techo. Sentimos un apoyo muy grande, la gente nos da fuerza y nos motiva cada vez más. Y cuando uno ve que sigue alentando después de 20 minutos, se nos eriza la piel". De fondo, se escucha el "porque los jugadores me van a demostrar que quieren salen a ganar, quieren salir campeón...". Y retumba el silencio verde-amarelo. Campazzo, y otros 11 guerreros, lo provocaron.

Publicada el 14 de agosto de 2016 en LA NACION

La épica de la Generación Dorada en Rio de Janeiro


RIO DE JANEIRO.- El clásico tenía un valor especial para Brasil, no sólo por lo que significa el duelo regional: ponía en juego su continuidad en el torneo de básquetbol de Río 2016 . El dueño de casa se jugaba su presencia en el Arena Carioca 1 contra el rival de toda la vida. Más allá de que para eso se confirme necesita de los resultados de España, el golpe era terrible. Era golpearlo desde el juego y desde el ánimo. Del otro lado, la Argentina tenía que levantar cabeza después de la caída ante Lituania. Demostrar capacidad de reacción, con el incentivo de hacerlo ante el enemigo íntimo. Y la fiesta fue albiceleste: la selección ganó 111-107 en el segundo tiempo suplementario, puso contra las cuerdas a los brasileños y se llevó un triunfo a puro juego y corazón. “Que salen a ganar, que quieren salir campeón”, bajó de las tribunas. Fue un grito de guerra ante el silencio verdeamarelho.

Resultaron clave los 37 puntos y 10 rebotes de Andrés Nocioni -líder en ambos rubros-, así como los 33 puntos y 11 asistencias de Facundo Campazzo . Brilló el Chapu y se agrandó el base. Formaron una dupla letal.

El inicio del partido mostró mucho de lo que se puede encontrar en la mejor versión de este equipo. Con un Nocioni preciso y un quinteto sin fisuras, vapuleó a Brasil. Lo expuso y lo llevó a su mínima expresión con un parcial de 28-19.

Pero todo lo bueno del primer cuarto se tiró a la basura en el segundo. Fallaron las decisiones internas y las externas: Sergio Hernández no le encontró la vuelta a la rotación. La Argentina arrancó mal el segundo cuarto y lo que empezó como un simple paso en falso desembocó en 10 minutos que fueron desdibujando la actuación albiceleste. Los números de la primera parte hablaron por sí solos: Brasil, con más puntos, falló más desde la línea de tres, pero alcanzó un 72% de efectividad en la zona pintada. La muestra exacta de un mayor despliegue físico bajo el aro, de la rotación de los más altos y de un flojo desempeño argentino en defensa.

Tras el golpe de ir 52-44 abajo -luego del brillante 28-19 inicial-, la selección logró volver a ponerse en partido en el tercer cuarto. Falló, sí. Y no pudo irse en ventaja a la última parte. Pero sin Delfino , Ginóbili y Scola en cancha por varios minutos, el resto del equipo dio la cara. Con Nocioni como abanderado, pero también con buenos rendimientos de Campazzo y Garino . Es más, la Argentina llegó a estar 64-63 arriba, mostrando señales de recuperación. El cierre fue para Brasil: 72-67.

Ya en el final, aparecieron todos los condimentos de un clásico. Se achicó la diferencia, se potenciaron los roces y creció la presión. La Argentina lo empató en 85 con un triple de Nocioni a falta de 3.8 segundos. Fue parte de la superlativa actuación de las figuras de la tarde: falló Ginóbili, tomó el rebote Campazzo y empató el Chapu.

La paridad siguió en el primer tiempo extra, que terminó 95-95 y Manu tuvo la chance de inclinar la balanza en el último segundo, pero no pudo y mandó el partido a un segundo tiempo suplementario. ¿Había tiempo para más? Sí, la Argentina mostró mejor resto físico y se fue acomodando, más allá de algún susto. Con un Delfino errático (firmó la planilla con ceros en los ítems principales) y sin Scola ni Nocioni, ambos con cinco faltas, Manu y Campazzo se cargaron el final. Fue el resumen de la transición que tanto pide Hernández. De un recambio que tanto ilusiona. La Argentina ganó el clásico, puso al rival en crisis y celebró la clasificación a la próxima etapa. A puro corazón. Con el alma . Como manda esta generación.

La previa del clásico del fuego


RIO DE JANEIRO.- La derrota ante Lituania ya quedó atrás. Poco queda de la partida de ajedrez. Es tiempo de análisis, de un repaso de lo que pasó, y también de lo que vendrá. Pero también hay tiempo para recargar energías siguiendo por televisión el triunfo de Juan Martín del Potro en los cuartos de final. La previa del entrenamiento en el Parque de los Atletas se vive a mil con la victoria del tandilense y le pone punto final a lo que sucedió en la noche del jueves en el Arena Carioca 1.

Es momento de dejar atrás el duelo que se escapó ante los lituanos por 81-73 y focalizarse en Brasil. El rival, el clásico, el dueño de casa. El enemigo íntimo que tiene a Rubén Magnano en el banco y que necesita como el agua un triunfo ante la Argentina para seguir con vida en Río 2016 . Será un duelo con tensión dentro del campo y un intenso ida y vuelta en las tribunas. Por eso, desde ambos planteles desean bajarle el tono al encuentro que se disputará esta tarde, desde las 14.15. Por eso, los comités olímpicos de la Argentina y Brasil evalúan la posibilidad de intercambiar las banderas en el ingreso al campo. Casi como un mensaje de paz.

"Es un partido igual para los dos", dice Luis Scola . "¿Clásico? Para mí es clásico también Lituania. Brasil es un clásico local, pero todos los partidos son difíciles a este nivel", agrega Manu Ginóbili . Y Luifa le da un voto de confianza al público: "Sería una picardía que pase algo. Espero que seamos inteligentes y que gritemos mucho tanto argentinos como brasileños, pero con mucho respeto y con mucha alegría y que pasemos un día genial; unos van a ganar, otros a perder y pasado mañana va a ser todo igual; confío en el criterio de la gente y que va a ser una fiesta muy grande; más feliz para uno que para otros, pero igual de divertido".

La derrota ante Lituania respetó cierta lógica, aunque también deja un par de mensajes tras el primer examen ante un rival de jerarquía: se requiere mantener un patrón de juego y el recambio debe emitir señales positivas.

Los minutos de Scola (30) y Andrés Nocioni (37), contra las ausencia de Nicolás Brussino y Gabriel Deck contrastan con esa premisa. La actuación de Luifa como pivote, también. Roberto Acuña (13 minutos y dos puntos) no sostuvo el duelo personal ante Jonas Valanciunas. Y se pagó caro el ritmo del cierre del primer cuarto y el inicio del segundo. Situación que volvió a quedar expuesta en el tercero, cuando la selección nacional logró ponerse al frente tras un parcial de 11-0 y luego dejó escapar el partido con un parcial lituano similar.

"Si logramos mantener el juego vale más que una medalla. El objetivo para estos Juegos Olímpicos es el de la transición de la Generación Dorada que se despide con los chicos que llegan", destaca Sergio Hernández . Y por eso también cobra fuerza el lamento de Carlos Delfino : "Nos quedó el sabor amargo que los viejitos tuvimos situaciones para definir el partido y no las aprovechamos". De cara a Brasil, es un rival que puede tener menos jerarquía que Lituania, pero que será igual de difícil porque tiene un estilo siempre difícil para la Argentina. Que suele complicarlo con sus defensas a presión (mucha veces en zona) y una excelente conexión entre sus bases (Marcelinho Huertas y Raúl Neto) y su pivote (Nené). El duelo será físico y habrá que ajustar detalles respecto del duelo ante los lituanos. "Nos enloquecimos y lo quisimos ganar con coraje. Se perdió la compostura y empezamos a pegar. Ellos jugaron siempre igual y nosotros enloquecimos con nuestro afán de jugarlo con coraje y todo eso. Pasa habitualmente en nuestro país, pensamos que todo se gana con huevos. Y no. Se gana jugando bien. Después le tenés que agregar huevos y coraje. Por momento creímos que lo podíamos dar vuelta así, pecheando y empujando. Y no alcanza", fue el duro análisis de Ginóbili.

Tras los triunfos ante Nigeria y Croacia, la caída ante Lituania obliga a la reacción. Aunque el rival llega en una situación extrema: acumula derrotas ante Lituania y Croacia, y sólo se sostiene con el éxito in extremis ante España.

A quien se esperará hasta última hora, tras la ausencia en el entrenamiento de ayer, es a Nicolás Laprovittola. El base sufrió un esguince grado 2 en el pie derecho. "Lo van a evaluar antes del partido", anunciaron.

¿Cómo responderá Brasil a la presión de su público? La incógnita radica en si el aliento se transformará en motivación o se licuará como presión. El historial olímpico, por su parte, marca una ventaja albiceleste de 2-0: un 72-56 en Helsinki 1952 y -el más reciente- 82-77 de Londres 2012.

"La Argentina hará el máximo esfuerzo para conseguir una medalla. A mí no me sorprende conociendo la materia prima y que toman determinaciones de muy buena manera. O sea, vamos a enfrentar a una Argentina en un muy buen nivel", señala Magnano. Y deja un recado: "La emoción que puedo tener ya pasó en 2010. Pasaron seis años y sigo siendo argentino, pero en el plano del básquetbol soy brasileño y tengo que defender sí o sí en un cien por ciento a Brasil".

Publicado el 13 de agosto de 2016 en LA NACION

La fofinha que desoye los estereotipos


RIO DE JANEIRO.-  Cuenta que tiene dos objetivos bien claros para este año. El primero, y más cercano, es el de cerrar una actuación de ensueño con Angola en los Juegos Olímpicos . El segundo, agendado para diciembre, es el de disfrutar de su casamiento. En Luanda, la capital angoleña, la esperan un militar y un vestido. “Es mentira eso que dicen acá que yo quiero bajar de peso por el vestido”, dice. Y se ríe. No quiere indicaciones, ni dietas. Teresa Almeida cautiva a todos en el Parque Olímpico, y desde el arco de la selección de handball de Angola logra tener un apoyo inesperado en Río 2016 .

“Brasil adopta a Teresa”, titula Globo Esporte. “Fofinha se volvió querida en Brasil”, agrega O Globo. “Bá, Bá, Bá [su apodo] es mejor que Neymar”, baja de las tribunas. Ella agradece: “Nos sentimos como en casa”. Desde su metro setenta y sus 98 kilos, no sólo controla los ataques rivales, sino que dice sentirse orgullosa por su físico y que eso sólo la obliga a “trabajar duro, con mucha fuerza de voluntad”.

“Muchas personas creen que con mi cuerpo no puedo jugar. Pero sí se puede. Sólo creo en el trabajo, en esforzarme. Creo que “las gordinhas” tambien podemos hacer las cosas bien en cualquier deporte. El hecho de que yo sea gordita jamás fue un obstáculo para mí. Nunca lo sufrí”, cuenta, en una entrevista con O Globo. Figura en el triunfo 23-19 ante Rumania, esta mañana fue de la partida en la caída ante Brasil, por 28-24, aunque sólo ingresó 13 minutos. Angola, un país sin tradición en el handball, se ilusiona: con los triunfos ante Rumania y Montenegro ya se encuentra ante su mejor actuación olímpica.

“El buen trato del público se da en todos los países donde vamos a jugar, es curioso. Creo que la gente se identifica con un atleta que tiene un patrón más normal, como la mayoría de la gente, y me recibe con los brazos abiertos”, dice. Aunque su relación con Brasil viene de tiempo atrás: “En Angola veía la novela ‘Sinha moca’ y tenía una niñera que era negra y se llamaba Bá. Como yo era la única niña de mi familia, me puse ese nombre y todos empezaron a llamarme así”.

El idioma acerca a la selección africana. Los brasileños apoyan a las angoleñas como si fuese un combinado local. “El público ayuda a impulsar nuestro equipo. Cuando las chicas sintieron el apoyo del público, vieron que no estaban solas. Confieso que no lo esperaba”, se sorprende el entrenador Filipe de Carvalho.

Ella trabaja duro. Brilla por su elasticidad, por su capacidad de reacción y su carisma. Deja de lado de los estereotipos y sólo se concentra en trabajar duro. En dejar un mensaje. Aunque tenga que soportar comentarios en las redes sociales como el de un diario que contó su historia con emojis de una hamburguesa y unas papas fritas. "Los que me quieren es porque soy descarada, porque se sienten identificados y porque hay mucho gordito por ahí”, comenta. Y se vuelve a reír, mientras pasea por el Arena Carioca con su camiseta 16.

Publicado el 12 de agosto de 2016 en LA NACION

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